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Viviendo con Queratocono.


Si me ves no sabrías que tengo una discapacidad visual, por eso quiero contarte de mí; desde hace 20 años tengo Queratocono. ¿Qué es el Queratocono? Es una mal formación de córnea, la visión es borrosa y entrada de luz directa. En mi caso uso dos lentes de contacto en cada ojo, un lente blando y un lente rígido y además un lente de armazón obscuro. El uso máximo recomendado de los lentes es de 10 horas, pero yo los tengo que utilizar desde que me levanto hasta que me duermo, sin ellos mi vida sería complicada.

¿Qué pasa con mis ojos? El humo del cigarro los empaña, el calor o sol hace que el oxígeno se agote, por muy grandes o pequeños que sean los letreros, veo las letras dobles o encimadas. En mi trabajo la computadora debe ser personalizada para poder ajustar los programas y poder leerlos con facilidad

desafortunadamente, aún existen programas que no puedo ajustar lo que resulta en mayor esfuerzo para leerlos.

He confundido a personas que me saludan porque no logro distinguir sus rostros, me he puesto zapatos de diferente color, me resulta agobiante llenar formularios, ¿manejo auto? Si, manejo solamente de día y en lugares que ya conozco y sé si hay un tope, un bache o un semáforo. Si me pides que llegue a otra dirección mi mente se convierte en un caos y me la paso pensando cómo llegaré; el GPS ayuda, pero no indica en qué momento el semáforo cambia de color o si se atraviesa una persona, un perro o se presenta algo que pueda causar un accidente.

En diciembre de 2019 acudí a un oftalmólogo especializado para obtener un nuevo diagnóstico. Últimamente, la incertidumbre de lo que pasaría si ya no logro ver se ha incrementado debido a mi edad. Uno diría que aquel doctor, por tener experiencia y conocimiento sobre los diferentes problemas de la vista, podría empatizar con la situación que viven sus pacientes, pero no fue así. Durante la valoración, comentó de inmediato que mis córneas estaban muy dañadas y que definitivamente no era candidata a un trasplante. Al salir del consultorio tenía las pupilas totalmente dilatadas y no podía ver nada. El doctor pasando por alto esta situación, estiró la mano para despedirse, yo me seguí de largo. Mi hija Valeria que iba conmigo, enojada por la insensibilidad y poca empatía del médico le contestó: ¿No se da cuenta que no puede verlo? Con esto confirmé que nadie sabe tu padecer si no lo viven.


Después de esa consulta, me dediqué a investigar y encontré una fundación, conseguí fecha para un estudio para el 6 de abril de este año sin embargo, llegó el COVID 19 y se suspendió el proceso.

Durante la cuarentena vi un seminario por Facebook con el tema “Turismo

Incluyente” e inmediatamente me identifiqué con el tema. Me di cuenta de que había un espacio para hablar de la discapacidad visual al mismo tiempo concientizar a los demás acerca del valor que tiene cada órgano de nuestro cuerpo y el respeto que se merecen las personas, que por alguna razón, su condición de vida es distinta y su discapacidad no siempre se nota.

Hoy veo desde el sentir, desde la intuición y desde la voluntad de Dios

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