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Viajar inspira



Gracias al café de olla preparado por mi abuela, tal como su mamá le enseñó hacerlo, por fin me he decidido a perder el miedo al papel e inspirada por el paisaje, me preparo a ordenar las ideas que rondan en mi mente.

Quien me conoce sabe que es muy difícil que me pare la boca pero, cuando se trata de escribir, como por arte de magia las palabras se esconden en mi mente, temerosas de salir.

Desde pequeña, tuve la fortuna de viajar por todo mi estado (Querétaro). El viajar lo llevo en la sangre, porque mis padres creían que viajar era la mejor forma de enseñarnos la diversidad de los paisajes, la comida, las costumbres y sobre todo de la vida en su conjunto.

Parte de mis orígenes están en la Sierra Gorda de Querétaro. Orgullosamente puedo decir y quiero presumir que mi padre es oriundo de esa Sierra maravillosa, la cual guarda grandes secretos.

Recuerdo muy bien cuando mi madre, en un intento para que me quedara en paz durante el viaje, me pedía que buscara una nube con cierta forma o cuántos tipos de verde había entre todo el pinar de Pinal de Amoles.

Primero terminaba deslumbrada por el claro azul del cielo y los imponentes y fuertes rayos del sol, que en darle forma a las nubes.

Ahora, con un poco más de conciencia y tal vez menos imaginación que hace años, en mi mente se formula una pregunta ¿y si los cerros hablaran?, cuántas preguntas me podrían resolver, desde la más complicada: ¿cómo es que eligieron vivir aquí? hasta la más común

¿cuántos años tienes?

En el paraje de Peña Blanca habitan grandes biznagas que simulan ser personitas solitarias o un grupo de personas reunidas cuchichiando entre ellos, tal vez, intrigados por saber de dónde proviene tanto automóvil, gente, etc.

Últimamente los he notado desolados con la ausencia de aquella alegría y vigorosidad que yo recuerdo. ¿Será que no hemos sabido respetar su espacio, la privacidad de su casa?

Más de una vez he deseado que los árboles me pudieran confesar qué les preocupa, o cómo podemos ayudarlos a recuperar esa alegría, en qué podemos contribuir cada vez que los visitamos como turistas.

Si todos los testigos silenciosos tuvieran oportunidad de hablar, o por lo menos escribir, resolverían muchas incógnitas de la historia, nos enseñarían a cuidarlos y hasta compartirían aquellas anécdotas graciosas que han visto.

Durante mis viajes me he preguntado: cómo es que algunas personas se han perdido de estas postales maravillosas que la Sierra Gorda de Querétaro nos ofrece, sobre todo las personas con alguna discapacidad.

Un ser amado, adquirió una discapacidad al final de su vida y se perdió la oportunidad de regresar a esos lugares mágicos que tanto disfrutaba. Él fue el que me enseñó que ser un “testigo silencioso” que como esas biznagas tiene sus ventajas.

Hoy, con este artículo, he decidido dejar de ser un “testigo silencioso” para compartir con todos ustedes lo que más me apasiona en la vida que es VIAJAR y sobre todo crear oportunidades para nuestros familiares, amigos, vecinos que tenga alguna discapacidad.

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