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Viajar en el tiempo




¡Cuántas veces he podido viajar! y lo he hecho siempre presto a escudriñar de pies a cabeza, cada rincón de la invaluable riqueza histórica que envuelve a mi patria, esta que en principio fui descubriendo en el aula en mis años mozos -así sea a medias, por eso de la ausencia del sonido- y día cada que puedo repito sin que el hastío me invada. Y en la mínima oportunidad, descubro y aprendo más sobre los usos y costumbres de quienes en su momento le fueron dando forma a su mundo, a través del arte ¡Todo un universo insondable de movimiento!


Esta es la manera autodidacta en que busco complacer mi sed y hambre de sapiencia, puesto que “escuchar” -aun con la habilidad de leer los labios, nunca estoy exento de un instante de despiste- los relatos de cualquiera de los llamados guías de turistas, son momentos vanos y más si no existen las condiciones óptimas para aprovecharlo -ausencia de un medio para hacerlo-; no oír, tiene sus desventajas. Y son estos momentos en los que casi a gritos pides ¡Un intérprete, por favor! Pero, ante lo adverso de las circunstancias, rendirse no es opción, más adaptarse, bien podría resultar en una solución momentánea. Vivir en la sordera, también tiene sus ventajas, ya que trae consigo matices donde de imaginación es la pieza fundamental que enamora y se constituye en la esencia del erigir un mundo paralelo, que hace posible conjeturar como era equis lugar en su época de mayor apogeo. ¡Lo maravilloso de viajar en el tiempo!


¡Claro! Todo recuerdo coadyuva en la sazón y, en tiempos difíciles como el que actualmente aqueja a la humanidad, los nutro con un seductor instinto explorador, que casi inmediatamente se decide por trasladarme a las arcaicas ciudades como Palenque, ubicada en los bordes de la extraordinaria selva lacandona, al que incluso atraviesa un fresco arroyuelo; a Tulum, justo frente a sus riscos de roca firme, donde al primer asomo, se destaca una panorámica, de las envidiables playas de blanca arena en cuya constante queda la caricia de las aguas del mar azul turquesa que nos invita a explorar su edén de coral o ¿Por qué no? caminar a través del sah bej en lo largo y ancho de la legendaria Chichén Itzá, una de las maravillas del mundo moderno, que incluso presume ser el umbral donde Kukulcán, la serpiente emplumada, deidad suprema de los mayas se aventura a descender anunciando el comienzo de la primavera… y así, uno tras otro, como un libro transcurren mis pensamientos, cual armoniosas páginas en un sinfín de opciones.


“Armonizando el enigmático mundo del silencio”

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