Buscar

“Sin Voz”



Quién pensaría que este 2020 la humanidad experimentaría un desafío, incómodo y mortal en algunos casos, en la figura de una enfermedad viral que ha causado mayor afectación en los grupos vulnerables, especialmente en adultos mayores, personas con obesidad, hipertensión y diabetes; las Personas con Discapacidad no son la excepción a la regla.

Desde marzo pasado, México viene librando una ardua batalla sin tener visos de una pronta normalización; por un lado, el Estado ha intentado someter a regañadientes a la población con la citada “cuarentena”, por el otro, poco a poco se ha dejado ver la afectación hecha en detrimento de la salud física y mental de los individuos -estrés, ansiedad, etc.- Esta situación también ha provocado el deterioro económico del país, sobre todo afectando directa e indirectamente a las familias que viven al día y en el peor de los casos, acrecentando la agobiante pobreza extrema.

Las Personas con Discapacidad Auditiva (PcDA) no están ajenas de padecer este ominoso calvario, donde el uso obligatorio del cubrebocas para evitar la propagación del virus resulta absurdo -para ellas- e inútil -frente a la terquedad de la mayoría- en un intento de evitar la propagación de la Pandemia. Esta acción induce a un tipo de discriminación con tintes de torpeza, al dejar a las Personas Sordas sin posibilidad de “escuchar”, comunicarse e interactuar con terceros, debido a la obstrucción visual en lo que a lectura de los labios se refiere.

Y si se habla del hecho que la Comunidad de Sordos también se comunica a través de la Lengua de Señas, debemos tener presente que sólo una ínfima parte de la sociedad normo-oyente sabe hablarlo.

Por tal razón considero necesario presentar algunos detalles que suceden a diario y poco se hace en pro de la inclusión consciente y responsable según las circunstancias del hecho:

  • Ir de compras -por necesidades básicas para el hogar-, siempre implica interactuar directa e indirectamente con el o los comerciantes, ya sea para requerir información sobre algún producto o servicio o para conocer el monto a cubrir por el consumo realizado. ¡No salimos por gusto, sino por necesidad!

  • Si se pide que se retiren por un momento el cubrebocas para poderles “escuchar”, no falta uno que otro y que se niegue a hacerlo -aunque desde su perspectiva de cuidar su salud, es comprensible- sin embargo, ante este escenario no queda de otra que retirarse con las manos vacías ya que ponerse a discutir, lejos de solucionar cualquier situación, la habrá de empeorar y con consecuencias para el que no oye -es posible lo interpreten como desobediencia y pidan intervención de la autoridad pública- ¿Entonces, cómo puede uno defenderse?

  • Intercambiar información a través de notas, rompe el esquema de la “sana distancia”, además de sumar el hecho de icurrir en un contacto e intercambio de objetos con la posibilidad de transportar el virus en sus superficies -lápiz, papel, etc.- ¿Cómo hacerle entonces?

  • Y lo peor resultaría si una PcDA portadora del COVID19, se encuentra hospitalizada (o) ya que el protocolo impide al personal del sector salud librarse de los implementos que los protegen, por lo que cualquier intento de comunicación resultaría desesperante para el paciente e incierto para el personal del sector salud.

Lamentablemente ser parte de una minoría, nos exige incluso conducirnos en la ilegalidad y no por gusto, sino por necesidad, de ejemplo queda la acción de retirarnos constantemente el cubrebocas para hacernos entender -ya que la voz distorsionada que tenemos no siempre ayuda al “receptor” a comprender en plenitud el mensaje-, al interactuar sin cumplir al pie de la letra las medidas sanitarias impuestas.

Por esto y más, queda demostrado que vivir en la discapacidad durante estos periodos de crisis, suscita grandes dosis de ansiedad a lo incierto que resulta el amanecer en una “Nueva Normalidad”, que más bien pinta a ser el principio de un retroceso en materia de inclusión, por aquello de los avances logrados a través de años de lucha dispar y no solo por la Comunidad Silente, sino por el colectivo de Personas con Discapacidad en general ya que sus necesidades resultan variables según la gravedad de su condición.

Luego entonces, saber que esta enfermedad llegó para quedarse, nos obliga a replantear toda estrategia que resulte en la supresión comunicativa e inclusión de la Comunidad de Sordos dentro de la “Nueva Normalidad”, porque al igual que todos, ellos son parte trascendental en el desarrollo y crecimiento de la nación, ya que evitar la propagación del virus, queda en nosotros conseguirlo con buen cuidado e higiene personal, pero ser inconscientes ante la adversidad de quien experimenta lo inescrutable en su discapacidad es más que ausencia de empatía, es… ignorancia.

ÚNETE A NUESTRA LISTA EN MAILING

© 2020 Travesía Incluyente México.

  • Twitter - círculo blanco
  • Instagram - Círculo Blanco
  • Facebook - círculo blanco