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No hay vacuna contra la discapacidad.

Actualizado: may 6



La providencia, el azar y la naturaleza se pusieron de acuerdo y me han ofrecido la oportunidad de rebasar los 60 años gozando aún de un estado físico y mental, en términos generales, más que satisfactorio. Degustaba los distintos matices de esta reflexión hasta que, por la bendita invitación a participar en este espacio, me dediqué a explorar un poco de información acerca de las Personas con Discapacidad. A medida que ahondaba en los datos mi optimismo menguaba, la OMS y el INEGI se encargaron de disminuir mi ingenuo optimismo.


Comparto con ustedes algunas cifras:

  • EL 15% de la población mundial vive con algún tipo de discapacidad (1300 millones de personas aproximadamente).

  • Para el 2030, en México habitarán más de 20 millones de Adultos Mayores.

  • En nuestro país, además de tener discapacidad, son discriminados cerca de 6 millones de personas.

  • Los Adultos Mayores son el grupo de edad al que más afecta la discapacidad: 26 de cada 100.

  • La segunda causa principal de discapacidad está relacionada con la edad avanzada.


Como si estas estadísticas mencionadas no bastaran para preocuparme, la memoria me trajo – como si hiciese falta – algunas historias de vida relacionadas con el tema.


Me quedó muy claro que al privilegio de haber sumado seis décadas de trajinar en este complicado pero hermoso entorno; más temprano que tarde, le sucedería un panorama no tan venturoso.


Sin nos atrevemos a hurgar en el difuso campo de la filosofía, inevitablemente nos toparemos con Nietzsche. Su manera de entender el mundo, de desafiar intelectualmente a cuanto filósofo se le puso en frente, desde Platón hasta Kant, nadie tal vez, ha intentado ridiculizar de forma más brillante la moral cristiana. Prácticamente no hubo ningún intelectual de su época a quien no hiciera blanco de sus excelentes argumentos críticos, aderezados de burlas. Sin embargo, paradójicamente, perdió la razón y vivió en ese estado sus últimos años.


Sin duda, el Nobel es el reconocimiento más anhelado, especialmente en la literatura. Este prestigioso premio, sin embargo, tiene una grave omisión: Jorge Luis Borges, a pesar de ser propuesto varias veces para recibirlo, nunca fue seleccionado. Sin sus valiosas aportaciones las letras hispanoamericanas no habrían alcanzado la relevancia que alcanzaron concretamente, durante el siglo XX. Tristemente, este amante de la palabra escrita tuvo ceguera al final de su vida, no obstante, no interrumpió su creatividad; se mantuvo dictando sus textos, aunque ya no disfrutó el placer de verlos.


Nadie más retador ante la discapacidad que Stephen Hawking. La esclerosis le impidió moverse, hablar e incluso comer con normalidad mientras descifraba los misterios del cosmos, lo que lo convertiría en el científico más reconocido de los últimos tiempos. Aunque quizá lo más admirable es que se casó dos veces y tuvo tres hijos. Es claro que esto último no fue por lo que recibió doce doctorados honoris causa. Él, que fue capaz de teorizar sobre el comportamiento de los agujeros negros, no podía mover su propio cuerpo.



Podríamos seguir buscando testimonios de seres humanos cuyas vidas se transformaron con la aparición de alguna discapacidad, pero considero que, para los propósitos de esta colaboración, estos ejemplos son suficientes. Para entender qué tan factible podría ser esta situación, es necesario echar nuevamente un vistazo al INEGI: Entre las causas de discapacidad solo un poco más del 16% de las personas la tienen desde el nacimiento; las enfermedades, los accidentes y la edad avanzada acaparan el resto de las causas, sí concluimos que los orgullosos miembros del INAPAM somos los campeones de la morbilidad, entonces, podrán ustedes comprender a qué se debe la preocupación a la que hacía referencia al inicio.


No todo el panorama es sombrío. Lento, pero a paso firme, la inclusión se abre paso en todos los ámbitos; en los espacios públicos, en el área laboral, en la normatividad, en el turismo y en los medios. Los avances son evidentes, aunque no suficientes. Esperemos que, pasando el tsunami de la movilización de los derechos de la mujer, se posicione en la agenda nacional la urgencia de atender las necesidades de las Personas con Discapacidad.

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