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Mi Experiencia Turística en Nueva York


¡Nueva York! Una ciudad que anhelaba conocer. Me acompañaba mi hija Valeria de 24 años así que no tenía miedo, ella me ha guiado en los últimos viajes, me ayuda con el llenado de formatos migratorios, letreros, caminar hacia la dirección correcta, y checa los mapas que para mí son inaccesibles.

La experiencia en el aeropuerto transcurrió sin problemas ya que las escaleras eléctricas y elevadores son muy accesibles. En el metro se distinguen muy bien las entradas y salidas y los vagones traen el número de las rutas al frente y resaltan perfecto. En el hotel no tuvimos ninguna experiencia fuera de lo común y la cantidad de elevadores facilitaban subir y bajar sin complicaciones.

Comenzamos la aventura visitando distintos museos y lugares característicos de la ciudad. A pesar de la gran cantidad de gente, me sentí confiada ya que las banquetas son seguras, las luces de los semáforos se distinguen incluso de día, y si había algo peligroso había señalamientos, así que caminamos y caminamos.


Las tiendas fueron lo mejor y no por las compras, sino porque podía acercarme a tocar los objetos para ver su color y sentir su textura. Normalmente los mostradores me son molestos por la intensidad de luz.


Por la noche, al pasear por las iluminadas calles de Times Square, creí que la gran cantidad de luz de los anuncios me molestaría, pero no fue así. Al contrario, pude distinguir las letras con más claridad.

Los restaurantes, varios de ellos de comida rápida, tienen los menús a gran altura y a larga distancia lo que me impide poderlos leer, pero Valeria se encargaba de leerlos en voz alta para que yo pudiera elegir y ordenar.

Nos divertimos mucho, definitivamente quiero regresar. ¿Sola? … aun no lo sé.

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