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Las Hijas del Sol y la Pirámide

Actualizado: mar 29

En el año 2018 tuve la oportunidad de volver a visitar la maravillosa zona arqueológica de Teotihuacán en el Estado de México. Para esa ocasión iría acompañado de mi grupo de meditación con el objetivo de realizar ejercicios respiratorios sobre la cúspide de la Gran Pirámide del Sol. Además, visitaríamos los monumentos de La Ciudadela, el Templo de Quetzalcóatl y la Pirámide de La Luna.


Fue en la pirámide que lleva el nombre del astro rey donde tuvimos una experiencia mística maravillosa mientras meditábamos y hacíamos mantras: Un grupo de unas 20 mariposas monarcas volaba y jugueteaba con nosotros mientras se podía percibir una energía muy poderosa y regeneradora.


Las mariposas monarcas son conocidas por viajar 4,000 kilómetros desde Canadá y el norte de Estados Unidos para llegar a los bosques de Oyamel en el centro de México para luego regresar, viven y se alimentan en zonas boscosas, se guían por el movimiento del sol y sus alas son de colores muy brillantes por los que en algunos lugares las llaman “Las hijas del Sol.”


Experiencia inolvidable en la cúspide de la Pirámide del Sol, ya que respirando y con los ojos cerrados SENTIA cerca el aleteo de las mariposas, SENTIA la vibración del canto de los mantras, SENTIA el viento soplar y mover mi cabello y SENTIA el calor de los rayos del sol.

Cuando bajamos de la pirámide no pude evitar pensar en que TODOS deberíamos poder experimentar algo así, porque el acto de SENTIR es universal y por ende es inclusivo. TODOS podemos SENTIR, sin importar nuestra condición física, porque el alma percibe más allá de nuestros sentidos físicos, lo único que se requiere es que TODOS tengamos acceso a esas experiencias.


No obstante, al retirarnos del sitio, un joven que llevaba a su padre en una silla de ruedas nos pidió que lo ayudáramos a subirlo unos diez escalones para que le pudieran tomar la fotografía que diera testimonio de su visita a ese gran templo ancestral. Al subirlo entre tres personas no dejé de reflexionar sobre los problemas de accesibilidad que llevan a la discriminación involuntaria.


Siendo un especialista en accesibilidad recorrí el parque con el ojo crítico de la inclusión y así pude analizar las barreras existentes en la zona arqueológica de Teotihuacán.


Desde el aspecto práctico y simple de accesibilidad, el parque cuenta con lo indispensable como son los servicios sanitarios para personas con discapacidad, algunos letreros en los puntos de encuentro que en honor a la verdad jamás resolverían los problemas de ubicación para Personas Ciegas o Sordas. Los estacionamientos cuentan con espacios reservados para personas en condición vulnerable y las personas usuarias de sillas de ruedas, andaderas o bastones pueden moverse por algunos tramos de la calle de los muertos, sin embargo, en casi todos los espacios que llevan a los monumentos, el suelo es de grava o de hierba. No hay rampas puesto que los escalones son cortos y altos y no es permitido ni prudente hacer ajustes razonables en construcciones tan antiguas. Así que al igual que la mayor parte de los sitios turísticos de México, aún hacen falta hacer mucho para que las experiencias que se ofrecen sean verdaderamente incluyentes. No solamente es cuestión de accesibilidad arquitectónica y urbanística, se necesita que haya siempre guías capacitados en inclusión y que sepan comunicarse en lengua de señas mexicana, hacen falta kioscos audiovisuales afuera del museo y también trazar un itinerario accesible para llegar hacia todas las maravillas que están ahí.


Porque como dice la frase de nuestro gran colega Ricardo Becerra Sáenz: “No todo lo que es accesible es incluyente, pero todo lo incluyente debe ser accesible”



La accesibilidad es posible aún en zonas arqueológicas de difícil acceso, hace falta creatividad y voluntad para lograrlo, pero si es posible llevarlo a cabo sin que sea tan oneroso, sin que se af


ecte el patrimonio cultural y sin que tengan que hacerse modificaciones radicales. Eso sí, se requiere un gran compromiso y trabajo de todos los que estamos involucrados con la inclusión.


Cuando nos retirábamos del lugar, le pregunté a uno de los guías nativos de San Juan Teotihuacán acerca de las hijas del sol revoloteando sobre la cúspide de la pirámide del sol y su respuesta no fue científica sino enigmática. Nos dijo: “Son los las almas de nuestros ancestros que revolotean para saludarnos, para cuidarnos y para decirnos que todo está bien”


Tal vez así sea, después de todo; ¿No es la mariposa es el símbolo por excelencia de la transformación del cuerpo en espíritu?


¡Que viva México y nuestra cultura!


Por: Gerardo Muñoz Sánchez

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